Dunkerque 29

Nicolas Sarkozy, expresidente de Francia, rompe un silencio de años y habla en exclusiva -para Proceso y el semanario francés L’Express del caso Cassez y de su enfrentamiento de cinco años con Felipe Calderón. El exjefe de Estado francés menciona brevemente la detención en Estados Unidos del exsecretario de Seguridad Publica de México, Genaro García Luna, responsable de la puesta en escena del arresto de Florence y de Israel Vallarta ante las cámaras de Televisa y TV

2020 01 20 10 29 35Azteca. Publicamos a continuación una versión resumida de la entrevista que se puede leer completa en el portal de internet de este semanario desde el miérco les 15.

PARIS. - Nicolas Sarkozy se endereza en el sofá donde está sentado cuando se le pregunta si se sorprendió al enterarse de la detención de Genaro García Luna por el FBI y de las acusaciones de complicidad con el narcotráfico que pesan contra ese personaje en Estados Unidos.

Su respuesta estalla tajante:

-No me asombró en absoluto. No sabía cuándo ni cómo iba a ocurrir, pero desde hace tiempo sabía que iba a ocurrir.
Y agrega: “Nunca me alegra asistir a la caída de alguien, independientemente de lo que haya hecho. Me porté suficiente­mente severo con ese personaje cuando se encontraba en la cúspide del poder y de la gloria... Ahora que está detrás de las rejas no pronunciaré una sola palabra en su con­tra. Es una cuestión de principios”.

Encuentro con los padres

Es la primera vez, desde la liberación de la reclusa de la cárcel de Tepepan, que Sarkozy acepta volver sobre el affaire Cassez, que desató violentas polémicas en Méxi­co y Francia y amenazó las relaciones di­plomáticas entre los dos países a lo largo de su quinquenio y del sexenio de Felipe Calderón.

-Florence Cassez y sus abogados ana­lizan la posibilidad de lanzar nuevas ini­ciativas judiciales en México. ¿Está de acuerdo en que lo hagan?

-Por supuesto. Los derechos de esa ciu­dadana francesa han sido pisoteados. Su vida ha sido destrozada durante siete años.
Un estado de derecho como el de México tiene la obligación de asumir sus responsa­bilidades. Dicho eso, sólo la víctima puede tomar esa decisión. A mí no me correspon­de darle consejos. Pero yo comprendería muy bien que dé la lucha para lavar su ho­nor, no sólo mediante un procedimiento judicial sobre el fondo de su caso, sino tam­bién para exigir una indemnización por los siete años que le fueron robados.

- ¿Recuerda en qué momento preciso se enteró del caso de Florence Cassez?

-Me acuerdo muy bien. Fue el dipu­tado Thierry Lazaro (...) quien vino a expli­carme la situación en 2007. Yo llevaba muy poco tiempo en la Presidencia y Florence Cassez estaba encarcelada desde hacía dos años. Por supuesto yo había oído hablar de su historia (...) En realidad sólo sabía que esa mujer de escasos 33 años se encontra­ba en una cárcel muy dura en México. Yo sabía además que el contexto político y so­cial era sumamente difícil, porque en ese entonces se perpetraban un promedio de 8 mil secuestros al año en México y que mu­chos de ellos acababan en asesinatos. Thierry Lazaro me pidió que recibiera a los padres de Florence Cassez y a su abogado, el licenciado Frank Berton.

- ¿Cómo fue ese primer encuentro? -(...)

Me impresionó de inmediato la dignidad de la pareja. Me pareció gente admirable, muy bien educada, que se ex­presaba con gran moderación. Controla­ban cada palabra, a pesar de que el cielo se les había caído encima. “(...)

Tenía frente a mí a padres dignos, nada llorosos pero angustiados al extremo. ¡No era para menos! Su hija se arriesgaba a pasar 60 años en la cárcel... quizás más. Me dijeron simplemente: 'Ayúdenos. Estamos desamparados. Conocemos a nuestra hija.
No es una criminal. No es una secuestrado­ra. Somos una familia honesta’. De inme­diato tomé la decisión de ayudarlos, pero de todos modos mi deber era hacerlo”.

- ¿En qué momento llegó usted a la convicción de que Florence Cassez era inocente? (...)

-Pedí a mis colaboradores que junta­ran todos los elementos posibles para en­tender ese expediente... Y no tardamos en percatarnos de incoherencias patentes, empezando por la extravagante puesta en escena, a posteriori, de la detención de Flo­rence Cassez y de Israel Vallaría ante las cámaras de televisión... No se necesitaba ser Sherlock Holmes para entender que se trataba de un montaje alucinante. Para mí resultaba inaceptable que semejante si­tuación se diese en una democracia como México, que es un país que siempre admi­ré y que sigo admirando. ¡En realidad era mucho más difícil creer en la culpabilidad de Florence Cassez que en su inocencia!2020 01 19 15 12 36

-En 2008 Florence Cassez fue condenada a 96 años de cárcel. Un año más tarde su sentencia fue “reducida" a 60 años.
E Eso ocurrió en vísperas de su viaje oficial a “México, en marzo de 2009, y en el momen­to en que ambos países ya habían iniciado los intensos preparativos del Año Francia- México, a celebrarse en 2011.

-Fue precisamente ese contexto lo que agudizó mi obligación de prestar asistencia a Florence Cassez. Antes de mi viaje a México y en el marco de contactos previos a él, había invocado la Convención de Es­trasburgo, firmada por Francia y México, que permite que un sentenciado extran­jero cumpla la condena en su país de ori­gen. Por lo tanto, le pedí al presidente Cal­derón que me devolviera a mi compatriota. No se trataba de liberar a Florence Cassez, sino de proceder a su traslado a Francia pa­ra que pudiera cumplir su pena de cárcel en su tierra (...) en lugar de hacerlo a nueve mil kilómetros de su casa.

-El 6 de febrero de 2009, un mes antes de ese viaje oficial a México, usted recibe una carta del presidente Calderón...

-Exacto. Es una carta conciliadora que abre la puerta a un traslado de Florence Cassez a Francia. Sin embargo, un mes después, cuando llego a México, la actitud del presidente Calderón es radicalmen­te distinta. Ya no se habla en absoluto de apertura.

“El 8 de marzo de 2009 tenemos una comida privada con el presidente mexica­no y nuestras esposas en la hacienda de Tlacatecpan. Todo empieza muy bien. El presidente y su esposa son muy simpáti­cos y muy acogedores... hasta el momen­to en el que no puedo ceder en el affaire Cassez. Fui muy claro. Le dije que enten­día hasta qué punto el tema de los secues­tros era sensible en México, pero insistí en que Florence Cassez tenía que ser trasla­dada a Francia, conforme a los convenios internacionales."

(...) “A partir de ahí todo cambió. El presidente Calderón se puso muy rígido y luego se enfadó. Subió el tono entre noso­tros dos. Nos enfrentamos... Fue brutal. Y de repente él exclamó: ‘¡Jamás!’”

- ¿Jamás?

-Jamás habrá traslado, porque el clima político no lo permite. El bloqueo era total.
Un océano nos separaba. (...)

- ¿Y qué pasó después?

- Como el ambiente de la comida había sido “medianamente bueno", digamos, to­da la diplomacia francesa me aconsejó no tratar el tema de Florence Cassez durante el resto de mi visita. Ciertamente los di­plomáticos tenían el derecho -quizás in­clusive el deber de aconsejarme eso, pero yo tengo otra concepción de las cosas.

"Considero que México es una democracia, que los mexicanos son los here­deros de una civilización inmensa y que respetarlos implica exponerles claramen­te los problemas. Para mí era claro que yo no debía eludir estos problemas pronunciando un discurso vacío en el Senado de la República de México, un discurso como tantos otros, de los que no queda nada. Re­trospectivamente, 10 años después de los hechos, creo poder afirmar que nadie olvi­dó mi discurso.

-Causó revuelo, efectivamente...

-Me porté cortésmente. No pronuncié el nombre de Florence Cassez en el Senado. Pero todo el mundo percibió el sentido de lo que decía. En términos amistosos, pero sin rodeos, recordé que en una democracia hay cosas que simple­mente no son posibles. Casi toda la prensa mexicana me cayó encima, presentándome como defensor de los criminales. Todo eso tomó proporciones terribles...

-En 2011 subió aún más la presión cuando dedicó usted el Año de México en Francia a Florence Cassez. ¿Fue una provocación?

-Óigame, tenemos a una joven mujer francesa condenada a 60 años de cárcel y yo tengo la convicción de que se trata de una injusticia; peor aún, de una infamia.
Dedicarle el Año de México en Francia era mi manera de decirle al presidente Calderón: “No se equivoque. No voy a ceder”.

-Resultado: México replicó cancelan­do su participación en el año franco-mexi­cano. Una reacción más que previsible...

-El presidente Calderón hizo lo que consideró que debía hacer. Pero para mí las cosas siempre fueron claras: no celebré el Año de México en Francia con una de mis compatriotas encarcelada a raíz de un complot político nauseabundo.

(...) “Pero ahora que la verdad está en la mesa, cada uno puede juzgar lo que pasó. Recuerdo que mi firmeza desencadenó una ola increíble de críticas en Francia, en particular entre mis enemigos políticos."

-En México las críticas fueron aún peores. ¿Francia y México estaban al bor­de de la ruptura diplomática?

-Entre los dos países, no. Entre los dos presidentes, sí

- ¿Qué “palanca” podía accionar para tratar de desbloquear la situación? (...)

-Tenía que buscar la manera de volcar a la opinión pública mexicana, que estaba manipulada no solamente por el gobierno sino también por los medios de comunicación... salvo raras excepciones. Ante la histeria que provocaba el caso Cassez y que volvía inaudible cualquier argumento razonable, sentí que era importante acceder a los mexicanos que creen en los derechos humanos y en el estado de derecho. Pensé entonces en el papel determinante que juega la Iglesia en México y me dirigí al papa Benedicto XVI, que me inspiraba una gran admiración.

- ¿Cómo fue la entrevista?

-Al final de nuestra conversación, está­bamos solos los dos en la oficina del Papa, le dije: “Santo Padre, quisiera hablarle de una protegida mía, una mujer joven con­denada a 60 años de cárcel de manera in­justa”. El Papa juntó las manos así.

Sarkozy imita el gesto del Papa, junta las manos y prosigue:

-Exclamó: “¡Oh! ¡Qué desafortuna­da! ¡Qué desafortunada!” Luego me dijo: “Explíqueme’

“Le expliqué que, desde mi punto de vista, Florence Cassez era víctima de una terrible injusticia, de un complot, y que yo creía en su inocencia. Inclusive precisé que el único crimen del que eventualmen­te se le podía acusar era de haberse enamorado de un mal tipo y que eso no me­recía 60 años de cárcel. Le dije que estaba consciente del rol fundamental que juega la Iglesia en la sociedad mexicana y que confiaba en que nuestra conversación pu­diera llevar a la Iglesia de México a echar una mirada nueva sobre el caso de Florence Cassez, una mirada sin prejuicios que le permitiría tomar la medida de las in­coherencias de ese asunto sórdido. Fue lo que pasó y así empezó una cierta evolución en la opinión pública.

(...) "Tuve una larga conversación tele­fónica con Florence Cassez, que alcanzó a llamarme desde la cárcel. Estalló en lágrimas. Yo sabía de sobra que nuestras co­municaciones estaban intervenidas. Eso me convenía, en realidad, porque así po­día enviar el mensaje de que no quitaba el dedo del renglón. Le conté todo en forma muy detallada para tranquilizarla, por supuesto, pero también para hacer llegar la información al más alto nivel. A partir de ahí empezaron a oírse voces a su favor en la Iglesia y luego en otros ámbitos. El 23 de enero de 2013 la Suprema Corte reconoció por fin las incongruencias de todo el expediente y ordenó la liberación de Florence Cassez.”

2020 01 20 10 27 51-¿Qué balance saca de ese caso, que duró todo su quinquenio?

-Tengo una certeza: uno nunca se equivoca cuando defiende principios.

- ¿Qué contesta a quienes lo acusan de haber politizado el caso Cassez?

-Nada. Que digan lo que quieran los observadores políticos y los medios de co­municación. Eso me deja totalmente indi­ferente. Es más, en el caso del affaire Cassez, el argumento de la explotación política es francamente ridículo. Cuando se anali­za retrospectivamente mi empeño en exigir que se ofreciera justicia a Florence Cassez, uno se da cuenta de que eso me causó más problemas que otra cosa. Basta recordar los comentarios de la prensa francesa sobre mi viaje oficial a México en 2009. Fue presentado como un fracaso rotundo. Casi todo el mundo habló de agravio. Se dijo que yo había sido humillado.

-Cuando Florence Cassez llegó a Francia, después de su liberación, usted no fue a recibirla al aeropuerto de Roissy Charles de Gaulle.

-Mi sucesor no me invitó... Florence Cassez, sin embargo, manifestó el deseo de visitarme. Lo hizo después de la conferencia de prensa que dio en Roissy y antes de ir al Palacio del Elíseo. Mi esposa y yo comimos con ella y fue emocionante volverla a ver libre.

Proceso-n°2255 de enero de 2020